Historia

Los Orígenes

Historia

Una geomorfología escarpada como la nuestra, para facilitar la defensa, pero capaz de proporcionar alimentos en forma de frutos silvestres o de especies animales, fáciles de abatir en los numerosos desfiladeros que constituyen cazaderos naturales, tenía necesariamente que llamar la atención de aquellos primeros pobladores erráticos que recorrían la tierra en el lejano Pleistoceno, sin más ajuar que algunas pieles, unas piedras talladas y su hambre. Pocas huellas nos dejaron de su paso en la comarca de Las Villuercas, pero en las Rañas de Cañamero, al igual que las vecinas de Alía, se descubren de vez en cuando muestras de una industria lítica muy primitiva consistente en cantos rodados de duras cuarcitas, trabajados a base de golpes, producto de un ingenio primario que talla hermosas bifaces, lascas, picos y núcleos. Los asentamientos son de poca duración y están en función de la abundancia de frutos del bosque mediterráneo, las condiciones del clima y los movimientos estacionales de la fauna de grandes herbívoros necesarios para su supervivencia.

Hace unos diez mil años las comunidades humanas se sedentarizan, aparece la agricultura y la ganadería, sin abandonar completamente la caza y la recolección de frutos silvestres. Es en el Risco de Las Cuevas, en la Cueva de Álvarez y en el Castillo donde se producen los hallazgos más importantes de esta época, tan sólo de unos 5.000 años de antigüedad. Aparecen instrumentos para usos agrícolas y domésticos, pulimentados en rocas como fibrolita o tallados en sílex, varios dólmenes y los primeros poblados de paredes de piedra. Pero la manifestación artística más importante son las pinturas rupestres esquemáticas, con una muestra muy amplia en toda la comarca y que cuenta en Cañamero con numerosos abrigos y covachas descubiertos en ambas márgenes del río Ruecas.

Los primitivos asentamientos calcolíticos se mantienen durante siglos, se fortifican, se superponen culturas y todo el territorio se ocupa de poblados, enterramientos y escorias mineras que aparecen por doquier, desde los riscos como el del Castillo a la Colonia Agrícola en la que las labores del campo han ido poniendo al descubierto de forma fortuita algunos hallazgos históricos entre los que se adivinan desde las culturas del Bronce Atlántico, hasta los Tartessos del sur peninsular y las etnias de origen celta que bajan desde Gredos en trashumancia.

Los romanos siguen explotando la riqueza minera del territorio a la vez que las posibilidades agrícolas y ganaderas de las tierras llanas. Fortifican algunos cerros como el Castillo protegiendo las vías y las villas rústicas, como la de La Olivilla, en donde aparecen monedas e instrumentos del Bajo Imperio. Posiblemente, de esta época sean los primeros asentamientos en lo que hoy es la zona del pueblo viejo, donde aparecieron algunas estelas funerarias depositadas en el Museo de Cáceres.

Siguieron los visigodos, que a su vez fueron dominados por los árabes. Estos últimos permanecieron largo tiempo y no solamente convirtieron en castillos las primitivas fortificaciones, sino que se instalaron en cada altura cerrando el paso a la amenaza cristiana que se armaba al norte de estas tierras fronterizas. Inscripciones, monedas, cerámicas y ajuar de todo tipo aparece en El Castillo de Cañamero y en las tierras agrícolas. La tribu bereber de los Nafza fue la poseedora del territorio y coprotagonista de varios episodios entre los que destaca el sucedido en 1220 cuando, según los Anales Toledanos II, el príncipe  leonés D. Sancho Fernández, hermano de Alfonso IX de León, recluta en Toledo una hueste cristiana con el pretexto de combatir en Sevilla, pero él descamina y se dirige a Cañamero donde encuentra un "castillo yermo", que puebla haciendo "mucho mal entre moros y cristianos". Al tal Sancho Fernández le mató un oso que intentaba cazar en las cercanías de su castillo, y este lugar, sin jefe, fue pronto reconquistado por el rey moro de Badajoz que descabezó a todos sus pobladores, como atestiguan dichas crónicas toledanas.

Algún tiempo después, se reconquista Trujillo en 1232 y se repuebla el territorio con castellanos de Talavera, Plasencia y Trujillo; se va formando la aldea vieja de Cañamero junto a la "cañada luenga" de Santa Ana, y acontecen hechos tan importantes para el lugar como la visita de San Vicente Ferrer en 1412, su independencia en 1538 de la jurisdicción de Trujillo y la concesión por el emperador Carlos I del título de Villa, verdadero despegue económico de sus habitantes a partir del siglo XVI.